Será una gran suerte saborear todo lo que en ella
encontremos: mucha luz, al cobijo de un
alegre rayito de sol; o la buena sombra, para el descanso.
Todo, en esta calle, tiene el sabor del descubrimiento: en
sus edificios podemos rememorar un pasado desconocido pero común a todo aquel
que la transita.
A veces, encontraremos un buen asiento, sólido y seguro,
tomaremos aliento y podremos seguir nuestro camino. Otras, nos veremos arrastrados por el tumulto de la gente
que corre intentando llegar cuanto antes a su final. En esas ocasiones será
conveniente buscar el refugio en un buen zaguán, noble a ser posible, y
quedarnos, allí, quietitos, hasta que pase la marabunta ansiosa.
Luego, nosotros, inevitablemente, seguiremos caminando,
mirando, oliendo, bebiendo, viviendo, disfrutando y amando el recorrido por la
Sapienza.

Dan muchas ganas de volver a pisar esta calle y perderse entre la multitud, en el anonimato de su intenso tráfico.
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